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La Decisión
de Ser Cristiano
Las decisiones son la clave de la vida. Las decisiones
que tomamos nos llevan hacia adelante o hacia atrás. Las
decisiones que no tomamos son momentos que dejamos de vivir. Seremos
juzgados solamente por nuestras decisiones, y no hay absolutamente
nada que aumente o disminuya el valor real de nuestras vidas,
excepto las decisiones que tomamos libremente. Esta es una verdad
en la que debemos meditar. Y debemos de decidirnos cuál
es nuestra posición al respecto. La decisión que
tomemos con respecto a nuestra relación con Jesucristo
es la decisión que nos hace cristianos.
Dios puede tratar con las personas que tienen el valor
de tomar decisiones, aún y cuando sean mala decisiones.
Cuando decidimos pecar conscientemente, experimentamos el error
de lo que vamos a hacer, y el Espíritu Santo puede guiarnos
a la conversión. Cuando, de manera consciente, decidimos
seguir una inspiración divina o vivir de acuerdo a alguna
enseñanza de Jesús, el Espíritu Santo puede
confirmarnos, por la misma experiencia, que esto es algo bueno.
Jesús dice de los falsos profetas: "Por sus frutos
los conocerán" (San Mateo 7:16). Pero si nos negamos
a tomar decisiones proféticas (decisiones que son profesiones
de fe por medio de acciones) no habrá frutos por los que
podamos juzgar si estamos siendo verdaderos o falsos a lo que
creemos.
Jesús vino a llamarnos a tomar la decisión
básica de creer en El o no. Esta decisión es la
"piedra angular" de nuestra fe, de nuestra religión,
de nuestra respuesta a Dios. Todo lo demás depende de esta
decisión.
Pero Jesús no es sólo la piedra angular; El
es la primera piedra, y debe de ser aceptado o rechazado. Si lo
aceptamos, Jesús se vuelve nuestro camino, nuestra verdad
y nuestra vida. Si lo rechazamos, se vuelve la ocasión
para la decisión que nos destruye como seres humanos.
Porque tanto amó Dios al mundo que dio
a su Hijo único, para que todo el que crea en El no perezca,
sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo
al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve
por El. El que cree en El, no es juzgado; pero el que no cree,
ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre
del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que
vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas
que la luz, porque sus obras eran malas (San Juan 3:16-19).
Esto es lo que Jesús quiso decir
cuando afirmó:
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¿No habéis leído nunca en las Escrituras:
"La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular
se ha convertido...? Por eso os digo: "Se os quitará
el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus
frutos. Todo el que caiga sobre esta piedra, se destrozará,
y a aquel sobre quien ella caiga, le aplastará.
Así que tenemos que tomar una decisión, una
que determinará, no sólo nuestro bienestar, sino
los frutos que la Iglesia dará en nuestros tiempos (frutos
por los que cada uno de nosotros es responsable como arrendador
de la "viña del Señor". Si lo hacemos
nos embarcamos en el camino a la plenitud de la vida que Jesús
vino a darnos. Si nos negamos a hacerlo, dejamos al mundo en que
vivimos y a nosotros mismos en la obscuridad y bajo la sombra
de la muerte y la destrucción (vea Juan 10:10; Mateo 4:16).
¿Qué significa tomar la decisión de
creer en Jesús como el único Salvador del mundo?
Significa que en creemos plenamente que nada puede salvar nuestras
vidas en este mundo (nuestra vida familiar y profesional, nuestras
actividades privadas y públicas, nuestros negocios, nuestra
vida social y política) de desviarse a la destrucción
y distorsión, a la mediocridad, y a la falta de sentido,
a menos que encontremos el camino para darle a Jesucristo, día
con día, hora con hora, parte activa en todo lo que hacemos.
Aceptar a Jesús como Salvador verdadero significa aceptar
el compromiso a usarlo como Salvador, a llamarlo como Salvador,
a cambiar nuestra vida como respuesta a Jesús nuestro Salvador
en todo lo que hacemos. Significa actuar recíprocamente
con Jesús como Salvador de manera consciente y explícita
en todo lo que hacemos.
La palabra clave es "actuar recíprocamente".
Tenemos que actuar recíprocamente con Jesús (de
forma consciente y explícita) en nuestras casas y oficinas,
en nuestro trabajo y en nuestro descanso; en las metas que nos
fijamos, en las direcciones que seguimos en la vida, en todas
las decisiones que tomamos, durante todos nuestros tratos con
los demás; en los trenes de pensamiento que seguimos, en
la forma en que manejamos nuestras emociones, nuestros deseos,
nuestras repulsiones y nuestras compulsiones, cuando estamos contentos
y cuando estamos tristes; cuando leemos, vemos televisión
o platicamos con otros; en pocas palabras: todo el tiempo. Encontrar
formas de recordarnos qué debemos de hacer para que Jesús
sea parte de todo lo que hacemos requiere de un esfuerzo consciente
y en un principio de mucho ingenio. Pero podemos hacerlo si le
hablamos, si recordamos Sus palabras, si imaginamos su reacción,
si le pedimos ayuda constantemente, si pensamos antes de actuar
y revisamos lo que acabamos
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de hacer, tratando de dejar que su verdad, que su camino nos
guíen a la vida que salvará nuestras vidas.
Este es el momento de tomar una decisión. ¿Creemos
y decidimos aceptar a Jesús como el Salvador de nuestras
vidas activas?
SUGERENCIAS PRACTICAS
Compromiso: Interactuar con Jesus el Salvador
en todo lo que hago
Decida qué es lo que hará para acordarse
de interactuar con Jesús de forma consciente en todo lo
que haga. Por ejemplo, prográmese para que al subir a un
automóvil, se pregunte, "¿Cómo puedo
hacer a Jesús parte activa en todo lo que haré?
¿Cómo puedo interactuar con El?" Cuando salga
de ese lugar, pregúntese "¿Cómo involucré
a Jesús en eso?"
Escoja algún principio que Jesús enseña
y trate de aplicarlo a todo lo que haga durante el día.
Por ejemplo: "No temas" (San Mateo 10:31, 14:27); "Permanezcan
en mi amor" (San Juan 15:9); "Amense unos a otros como
yo los he amado" (San Juan 15:12); "Si alguien te hace
pleito por tu camisa, entrégale también el manto"
(San Mateo 5:40). Use el mismo principio mientras le sea útil,
luego escoja otro.
Use objetos para acordarse de hablar con Jesús como
Salvador todo el día. Póngalos donde pueda verlos,
oírlos, olerlos o tocarlos frecuentemente; una cruz en
su bolsillo, una foto o símbolo donde trabaja; una pantalla
en su computadora. Haga sonar la alarma de su reloj de pulsera
cada hora. Queme incienso.
Forme el hábito de pedirle su ayuda cada vez que
empiece a hacer o decida algo; pida su ayuda de nuevo cuando pase
por una puerta, levante el teléfono, sirva el café
o encienda la televisión.
Cuando vea alguna persona necesitada físicamente,
emocionalmente, espiritualmente recuerde que usted es el
cuerpo del Cristo que sana. Trate de ayudar. Pida a Jesús
que le muestre cómo hacerlo y que obre a través
de usted.
Pregúntese cómo mejoraría su vida
familiar, social o profesional si hiciera a Jesús parte
activa de ella. ¿Cómo podría hacerlo?
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Reflexión/Discusión:
Estar Inmerso en
Jesús el Salvador
1. ¿Ha mejorado en alguna forma su vida debido a actitudes,
valores, o formas de ser "programadas" en usted por
nuestra cultura? ¿Ve algo destructivo en la forma de pensar
o actuar de nuestra sociedad? ¿algo distorsionado? ¿algo
que ha empeorado su vida?
2. ¿Pudiera haber otras cosas que quizá no reconoce
como malas, que podrían hacer menos felíz su vida?
¿Qué le ayudaría a reconocerlas? ¿Tiene
que ser Jesús? ¿Por qué?
3. ¿Cree que Jesús puede enseñarle el camino
para ser felíz en esta vida? ¿Puede enseñarle
verdades que correjirán lo que hay de falso en nuestra
cultura? Piense sobre esto: ¿cree de verdad que podría
suceder?
4. ¿Qué diferencia habría si diera a Jesús
una parte activa en su vida familiar? ¿en la escuela o
trabajo? ¿en su vida social? En la práctica, ¿cómo
podría empezar a interactuar con El en esas áreas?
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